martes, 3 de enero de 2012

Después de Oparin, ¿Qué es la vida?


La vida es una interacción constante, interminable; una increíble ilusión hecha de materia y química


¿En qué momento algo está vivo? ¿Todo lo vivo es consciente de su existencia? Si la célula es la unidad de la vida: ¿se sabe ella real? Hay dos problemas distintos en el ámbito de la existencia: la vida y la consciencia, y desde que surgió el hombre los dos han permanecido sin respuesta.
Hace un tiempo, sin embargo, un tal Oparin, al hablar del salto evolutivo desde los compuestos inorgánicos hasta la célula, dijo algo entre líneas; algo que tal vez no era siquiera su intención, y que iba más o menos así: "No hay tal cosa llamada Vida; no existe nada de lo que enorgullecerse, porque ni el árbol, ni el ave, ni el hombre viven: tan sólo son un puñado de polvo." (por supuesto estas no son palabras de Alexander Oparin).
Pero, ¿Y la conciencia entonces? ¿Y el valor de la vida? ¿Y el respeto, la moral y la filosofía? Se le llamó a esta señorita creada por Oparin el... MATERIALISMO ABIOGÉNICO. Abiogénico es un término que no parece tener tanta relevancia fuera de la clase de biología pero... ¿"Materialismo"?, y es que ¿A qué se refiere todo esto? ¿Acaso estamos destinados a creer que son las ideas un montón de materia sin vida? Desde este punto de vista, el materialismo abiogénico ha dejado de ser una señorita: Oparin ha creado al mismísimo Frankenstein.
Sin embargo, al igual que Mary Shelly, algo tenía de cuerdo el bioquímico ruso: algo había de verdad en las líneas de su "Origen de la Vida". Lo que Oparin resolvió en términos del debate de la existencia fue el problema de la Vida. A la pregunta "qué es la vida", él dio la espalda: "la vida no es" dijo, y sin tocar el problema de la conciencia, postuló que mientras más complejas sean las interacciones entre los componentes de un ente biológico, más complicado será comprenderlo: desde la célula hasta el cerebro humano; desde la roca hasta el chimpancé: que todos somos sólo materia inerte. Oparin empero, nunca habló de las "ideas", de la "consciencia" o del "amor". Y es que ningún bioquímico sabe de constrcutos, aunque debieran hacerlo. Él dejó el campo abierto para especular sobre ésto, quizás porque no tenía idea de hacia dónde podríamos llegar.
El materialismo abiogénico habla de "Interacciones": es decir, de relaciones. Sean éstas relaciones matemáticas o amorosas eso no importa; lo importante es que hay una dinámica que abarca a todos los componentes de la materia: esa dinámica es el "más" que debe añadirse a la simple suma de las partes. ¿Qué pasa si esas relaciones, que no pueden tocarse, olerse o siquiera sentirse, son la materia de que está hecha la consciencia del ser, la felicidad y la fe? No como en un simple dualismo que divida a la materia y a la idea apegado a la más pura herencia platónica. ¿Cómo saber si cuando la materia interactúa se generan relaciones medibles y que se perciben en el alma: compuestas por variables que se mueven una en función de la otra en un plano que siempre estuvo ahí y al que no hemos dado la importancia requerida?
Tal vez después de todo: después de Oparin y Haldane, del idealismo y el realismo; la vida es ese "más que la suma de las partes". Posiblemente lo que la vida es son ambas cosas: filosofía y ciencia; ética y método; arte, amor y microscopios...

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