El Agua, material como es, nos parece viva y consciente a cada instante. Bien lo muestra esta fotografía del invierno en Bariloche, Argentina.
No existe esa cosa a la que llamamos "Espíritu del Agua", y yo les diré por qué: aquel líquido transparente no son sino átomos de hidrógeno y oxígeno dispuestos de forma que luzcan como toda una escultura de Miguel Ángel. Y sin embargo, el mismo Haëndel le ha escrito una gran música al agua; Tales de Mileto, un completo anciano en la historia de este planeta, creía en el Agua como la "Cosa en Sí", de la que derivaba todo lo demás en este mundo. Después avanzó la ciencia, y ahora todos sabemos que es el agua tan material y común como cualquier otro objeto sobre la faz de la tierra; mas no han cesado las alabanzas a su símbolo: hay agua bendita en el cristianismo y agua sagrada que cae sobre los árboles en las sociedades más animistas. Incluso la ciencia alaba al agua: por su maravillosa forma cuando se compacta y forma glaciares, por su inminente necesidad biológica en el metabolismo de la célula: porque el agua no es cualquier refresco o bebida alcoholica; es EL AGUA.
A veces, cuando apreso entre mis manos parte del cauce de un río que corre, me maravilla pensar en el agua como en esa cosa sin vida que sin embargo late a cada segundo de su correr sobre la tierra. Es ella quien regresa siempre al mismo lugar tras recorrer el mundo por el cielo y el subsuelo, porque no tiene otro lugar a dónde ir. Al tacto es como un fantasma que se me escurre entre los dedos, y no puedo contenerlo dentro de mí, porque incluso si la bebo, sólo sacia mi sed a momentos, y después se larga cuando transpiro y orino en un baño público. Así lo sabía también Heráclito (aunque dudo mucho que él orinara en un baño público), y por ello describía al río como si tuviera vida, y se daba cuenta que era el agua en sí misma quien corría a pasos agigantados y se nos esfumaba en el infinito: no era nunca el mismo río aunque siguiese la misma senda. Yo quiero ser a veces como el agua y resbalarmele a todo objeto que se cruce por mi paso: ser de pronto duro y de pronto tan blando que flote y me eleve por los aires guiado por el viento cual ave en libertad. Y entonces vierto agua sobre mi cabeza al modo del bautismo y siento el correr de sus moléculas sobre mi cara. Ella se lleva con su pureza las penas que yo tenía clavadas sobre la piel cual mil gusanos que me comieren; ella me despierta suave y tenue, y se lleva la modorra matutina muy lejos para que no la encuentre. Ya después, se escurre esta señora por las tuberías de mi casa, y la escucho atentamente a pesar de no verla, para intentar en vano trazar su curso en mi mente, e imaginar que vuelo a su lado en dirección a ninguna parte.
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